Al maestro apenas le quedan discípulos. Pero siempre tiene un enemigo a quien culpar de sus errores. En su corta presentación, aunque “salvando distancias”, tuvo la osadía de recordar a Churchill, Stalin y Roossevelt, como ejemplos del porqué se ve capaz de seguir en política, a pesar de su gran veteranía, cuando lo más sensato, tras los descalabros sufridos, hubiera sido emular la dignidad con la que se fue el presidente Jordi Pujol.
Su vuelta duró una hora y media. Volvió para responder a 12 preguntas. Algunas de ellas para venerar y alzar a los altares la mentira y la calumnia cuando se habló de los “periodistas mercenarios”. Intervención que aplaudió desde la mesa. Él, que fue maestro en el control, las amenazas y la marginación de algunos medios. Por cierto, que no perdió la oportunidad para lanzar un nuevo órdago, una nueva amenaza: “Algunos medios deberían tener en cuenta que hoy mandan unos y que mañana lo pueden hacer otros”.
De los noventa minutos que habló fueron suficientes unos pocos segundos para comprobar que fue él quien inspiró la moción de censura. Que fue el instigador de una moción que después le llevó al ostracismo, al destierro político en un partido que llevaba su nombre y que había manejado a su antojo, hasta el día que se firmó la moción.
“Pero ¿qué se firmó en Barcelona?”. Se preguntó hasta en diez ocasiones. Quiso levantar dudas. Él que era el mayor conocedor del pacto, porque lo siguió paso a paso. Hasta el último peldaño, que lo bajó en falso. Convergència no se fio de él. No garantizaba la coalición CDC-FUpS en las próximas elecciones (Ferran quería ir en solitario), porque sabía que una vez se produjera la integración de FUpS en Convergència, perdería todo el protagonismo del líder que hace y deshace a su antojo.
Y ¿por qué no se fiaban de él en Convergència? Porque como reconoció “en muchas ocasiones se han firmado muchas cosas que luego no han valido para nada. En política pasan muchas cosas”. No tuvo escrúpulos para reconocer que en política todo vale. Así no es difícil entender que pocos minutos antes de firmarse la moción, Ferran llamara telefónicamente a los suyos para decirles, como en otras muchas ocasiones: “Nois, vosaltres dieu el que volen sentir, que nosaltres després farem el que ens convingui”.
Ferran es así, y así se le ve, porque no se esconde. No esconde sus cartas. Ni siquiera al hablar del por qué de su vuelta y de la formación de un nuevo partido, Units Tots per Salou (UTpS). Porque aunque no aclaró en ese momento si se presenta como cabeza de lista, “hoy no toca hablar de ello. Lo haré en octubre”. Pues no, ya lo ha dado a conocer. Le bastó ver la sala llena para saciar su ego, aunque el ochenta por ciento sólo asistiera por morbo. Cuatro días despues, el martes su Ejecutiva le proclamó candidato a la alcaldía de Salou en 2011.
Y ¿para qué vuelve? “Para apoyar a un gobierno fuerte que piense sólo en Salou y Salou y no por interés propio”. Se refería, así, a un gobierno con los ahora partidos en la oposición y con los que incomprensiblemente -por ambas partes- se ha sentado recientemente para hablar de futuro, aún sabiendo estos partidos que había sido el instigador... el protagonista de una moción de censura que les echó a ellos del gobierno.
Pero en público no aclaró nada, a pesar de tener una gran oportunidad para ello. No manifestó sus intenciones de futuro, por ejemplo que si en el caso hipotético de que se necesitara la representación de su nuevo partido para formar gobierno, si a cambio pediría la alcaldía para él, se marcharía de nuevo para casa o si se conformaría con ser el concejal de “Parques y Jardines”, concejalía que ya otorgó con una cierta ironía y cinismo en el pasado a un concejal de los que ahora se han sentado con él para hablar de futuro. En una conversación -como alcalde, ahora hace cuatro años- cuando empresarios de Salou le pregutaron que si veía al concejal como una alternativa de gobierno, él contestó: “¡A ése le doy parques y jardines... y a callar!”.
En su vuelta, Ferran se presentó sin guión previo. Volvía, así, para responder a lo que “se me pregunte. Aunque tuvo que insistir en ello. “¡Preguntad, preguntad, preguntad. Venga, venga, preguntad! Que no se quede nadie con dudas”. Insistió en más de una ocasión, porque eran pocos los que tenían ganas de dar la cara. La sala casi completa. Eso sí. Unas trescientas personas, aunque apenas un veinte por ciento aplaudía cuando el protagonista alzaba el tono de su voz o agitaba entre sus manos algún papel con el que intentaba demostrar que sus acusaciones estaban fundamentadas.
Entre los asistentes, muchas caras conocidas. Entre éstas las de algunos concejales que habían gobernado. Concejales a los que Ferran había echado del anterior Equip de Govern, al reconocer públicamente que no sólo había estado al corriente desde un principio de cómo se fraguó la moción de censura, sino que había participado en sus conversaciones. Fue, así, protagonista de la moción de censura hasta el último momento. Hasta el instante en el que al no fiarse nadie de él, los suyos y los cargos de Convergència, le apartaron de un pacto que provocó el cambio de gobierno. “Cuando un ‘garifalde’ de Convergència me dijo que FUpS se tenía que integrar en su partido le dije que si estaba loco. La integración no se aguantaba por ningún lado”. Incluso reconoció que “tuve al corriente a Del Hierro, concejal del PP, para que no le pillara de sorpresa”.
Aún así, volvió a levantar la voz para dejar claro cuál es su nuevo objetivo, el nuevo enemigo a batir, Pere Granados. “Pero qué firmó en Barcelona”. Insistió una vez más, a la vez que incitaba a los suyos a pedir un careo público en el que aclarar la cuestión que le enfrenta al que fuera su delfín, ahora alcalde. Hasta en cinco ocasiones llegó a retar a Pere Granados a un debate. “¡Aquí mismo! Delante de todos los que quieran venir”. Pero ni aún así, a la audiencia se le veía interés por lo que se hablaba, porque el morbo no daba para mucho más.
Como no interesaba que Ferran hablara de las maravillas que hizo como alcalde, ni que se hiciera la víctima al recordar el castigo sufrido sobre la supuesta corrupción de la que fueron acusados él y su familia en los últimos años.
“¿Se va a presentar a las próximas elecciones? Si se presenta yo le voto. Y al que no le guste que se joda”, le dijeron en una nueva intervención desde el público. Respuesta que ha dado cuatro días después. Y con un sólo enemigo a la vista: Pere Granados. Sí, porque se refería a él al apostillar todas sus intervenciones. Enemigo con el que ensañarse, como en su día, por poner algunos ejemplos, lo hizo con Julio Vilaplana y el conjunto segregacionista, LA VILA, Pablo Otal, Antonio Banyeres, el tripartito al que humilló al presentarse la moción de censura... Así, a todos y cada uno de los que ha puesto en su punto de mira, como víctimas para saciar sus inagotables ansias de poder. Como le definió en su día una persona que le conoce muy bien, “Ferran necesita siempre un enemigo para hacer política, porque no tiene capacidad de tener más enemigos”.
A Ferran se le preguntó por las relaciones con los concejales del actual gobierno. “No he podido hablar con ninguno de ellos, porque Granados se lo ha prohibido”. Falso, según estos concejales, “porque en más de una ocasión hemos hablado con él, pero sólo quiere que traicionemos a Pere -por el alcalde-”, según éstos.
Entre tanta pregunta anodina, de la que sólo se extraía que se trataba de un enfrentamiento doméstico, llamó, sin embargo, la atención que Ferran reconociera públicamente que cuando el tripartito formado por PSC, CiU y RDS gobernaba, “desde el ordenador de mi casa se han tratado hasta 81 casos municipales de sumo interés”. Dejando entrever, incluso, que en algunas ocasiones había contado con el apoyo de algunos trabajadores de la casa.
Circunstancia que, a priori, parece de una extrema gravedad. Como lo es el que reconociera que con su partido en la oposición, durante esa misma época en la que ya había abandonado él la política, “me reuní varias veces con altos cargos de primera línea del Ministerio, para desencallar proyectos que no avanzaban”.
Conversaciones a espaldas del Govern, entre las que habló del Camí de Ronda, que, como se sabe, ponía en el ojo del huracán a una empresa a la que se le ha pretendido cerrar una parte del negocio.
Se le preguntó que “si es cierto o no que, tras la moción de censura, su hijo pidió un cargo de confianza en Ajuntament”. Pregunta con la que se fue por los cerros de Úbeda: ¡Mi hijo antes de pedir nada se moriría de hambre!” Fue contundente en la respuesta, aunque, quizás, debió aclarar si había sido él quien pidió el cargo de “Gestor de Urbanismo”, tal y como han denunciado en diversas ocasiones miembros del actual Govern. Petición no aceptada por el Govern, como no aceptó, poco antes de su toma de posesión, la propuesta de construir -en ‘Cuestación Popular’- un monumento con el busto de Ferran, en el Moll de Costa.
Problemas domésticos, con desaveniencias entre unos y otros que han ido deteriorando sus relaciones. Tratos de favor no aceptados, como no aceptó en su momento Granados que “como una muestra de su confianza a nuestra familia, -dijo Ferran- que retirara - cosa que no hizo- una demanda que Antonio Banyeres, -en calidad de alcalde- había puesto en el Juzgado contra la familia Ferran”.
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