Empresari.Salou
El silencio, al igual que el ruido, forma parte de nuestras vidas, pero mientras al primero lo deseamos infinidad de veces, incluso con fervor, al segundo lo repelemos en casi todas sus manifestaciones, incluso con desprecio.
Siempre he creído que la única forma de la búsqueda de la verdad y de uno mismo es el silencio, es más fuerte y duradero que cualquier sonido, porque, en la mayoría de las veces resulta más convincente que las palabras y más elocuente que la retórica.
Inmersos como estamos en un baile de ruidos ensordecedores, nos confunden con las palabras, olvidando que lo que vale en nosotros son las actitudes, porque lo importante no es lo que decimos, si no lo que hacemos. Cansados como nos tienen con la verborrea que tiene como fin el engaño, convirtiendo la misma en el arte de la persuasión.
La crisis que atravesamos en todos los órdenes, también en el económico, está provocada en gran medida por un exceso de palabras vacías y un cúmulo de verborrea, que los políticos la traducen a una sola frase, que campa en los medios y en los discursos como la piedra filosofal ‘CORRECTAMENTE POLÍTICO’ que significa que lo que dicen en público no lo creen en privado. Políticos que hablan demasiado, generando falsas expectativas, dando soluciones para todo. Así nos quedamos sordos, subiendo el volumen de la televisión, mientras vivimos desorientados con tantas palabras. Ellos reclaman más cadenas de televisión para que no podamos escuchar y cultivar el silencio.
Mientras creemos oír voces, solo escuchamos ruidos, en este país de tracas y fuegos artificiales y favores recompensados, que, a algunos les hacen aplaudir efusivamente, inclinando la espalda como agradecimiento. La genuflexión se convierte en un fácil ritual, mientras dedos pordioseros están a la espera de las dádivas, producto de una democracia atiborrada de palabras, que sólo son ruidos, en este sistema democrático, que gana con los mismos adeptos y adhesiones a los partidos que las reparten. Ellos piensan que el poder es una verdad que no se ve, pero existe y los demás, sordos de tanto ruido, somos una masa, una multitud, que caminamos con su desprestigio y nuestro desconcierto.
Tanto circo, tanto gasto supérfluo, tanta ostentación, tanto ruido, tanta pirueta y tantos dedos pordioseros adulteran los caminos para llegar a la verdadera democracia, convirtiendo en una losa el sistema que nos debía amparar y en una farsa al país en que vivimos. Se abusa tanto de las palabras para esconder la realidad, que las abanican para que ganen aire y no pierdan su sentido, ¡por favor, que se callen! Y nos den ejemplo. Así encontraremos la solución a nuestros males, porque las palabras han de estar al servicio de la POLÍTICA, en mayúsculas. Eso sería lo político y lo correcto. Sólo así desaparecerán los ruidos y, las palabras ganarán su verdadera dimensión en responsabilidad y compromiso al servicio de la política y de la verdad.
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