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Dissabte, 19 Maig 2012

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Estas en: Opinió Julio Vilaplana La Pesadilla
 
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La Pesadilla

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Julio Vilaplana
Empresario de Salou

La vida tiene sus formas de mirarte, mientras el mundo parece que se detiene. Confundido, deseas salir del círculo, atrapado por un mal sueño, que se empeña en aferrarse a ti y los sueños no son nada o casi nada, pero se abrazan firmes y testarudos, sin siquiera haberles otorgado nuestra confianza.

 

Cuando el sueño es pesadilla, nos muerde la yugular y la angustia cobra tal grado de ansiedad, que llegas a creer que el mundo se detiene, y tú, asombrado en el borde del precipicio, despiertas y te sientes aliviado de que la vida siga, allí, justo donde momentos antes todo era oscuridad, dolor y palpitaciones. Ese dolor exclusivo de un mal sueño, lo cura la luz y el calor de tocarte vivo y la ausencia de agonía. Como casi todo, dormirse es ley de vida y comporta ese riesgo, porque nada ni nadie nos enseñó a entender los sueños, con la naturalidad que aporta aprender a golpe de pesadillas.

Es un proceso que necesita la noche, quizás por eso prefiramos el día que alcanzamos al olerlo de nuevo, nos recuerda lo insoportable que representa la ausencia de luz. Cierras los ojos y, recordando el mal sueño quedas absorto en los destellos brillantes del río o en la fulgurante luz de las estrellas, pretendes dormirte con escenas vírgenes, porque quieres despertar el sueño, por el miedo a repetir la pesadilla, que ya nunca volverá a ser idéntica, porque la memoria y los sueños siempre mienten, o por lo menos no dicen la verdad, y recuerdas con alivio que esa mañana alguien muy próximo te tocó suavemente en el hombro, después de acariciarte la cara y te preguntó: ¿sabes qué hora es?, y deseoso de abrir la ventana, después de pellizcarte, comprobaste con placer la fresca brisa que aliviaba el cuerpo y el alma. Ay! Cuando el sueño se convierte en pesadilla, deseas fervientemente que lo soñado no se cumpla jamás.

Porque los sueños ¡sueños son!, los buenos y los malos, son tantos durante nuestra vida, que nuestra pequa historia se encarga o no de llevarlos a la realidad. Sueños de joven, el tiempo los aplasta y ni de broma hacen pensar. Pero cuando los cabellos son de plata, los sueños se abrigan y las miradas se abrazan, mucho más allá del espejo que nos delata. Sólo cuando te haces mayor comprendes el aroma con que se fabrican los sueños, porque sabes que los sueños se interpretan, pero no pueden convertirse en realidad. Las pesadillas son las bromas del demonio y los sueños el lenguaje de Dios.

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