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Reflexiones sobre el amor y el sexo

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Julio Vilaplana
Empresario de Salou

Se ha escrito tanto, se ha dicho tanto sobre el amor y el sexo, dos razones vitales para vivir, que es muy difícil decir o escribir nada nuevo, pero sí que es cierto que nuestro mundo ha evolucionado tanto que también el amor y el sexo han adquirido formas nuevas, tendencias y hábitos que por su libertad, a veces nos encandilan y a veces nos escandalizan.

No trato de profundizar con la intención de descubrir algo nuevo, ni siquiera me atrevo a hacer un juicio de valor, de eso ya se encargarán los psicólogos y los filósofos, o el mismo Punset cuando afirma, después de su explicación sobre química amorosa (que todo empezó con las moscas), ‘será que por eso se dice que el amor es un bicho que cuando pica no se encuentra remedio ni en la botica’ o que pesado y contradictorio es el amor, sino, porque vamos detrás de él y de la libertad, si el amor es el primer enemigo de la libertad. Ironías aparte, hay quien cree que somos sólo sexo y todo lo demás nos ayuda a poner el amor.

Lo que sí parece cierto es que todos compartimos los procesos químicos que se producen en el cerebro, diferenciándonos en la manera de entender y valorar esos procesos. Dicho esto, yo sí que creo en el amor y sus bondades, aunque sea con matices, sobre todo a mis años, cuando se dice: que el amor no tiene edad, lo reparte un angelito y no sabe a quién lo da. Claro, el sexo es otra cosa, pero ambas se necesitan. Está claro, por supuesto, que la especie humana, a diferencia del animal no ama tan sólo con el alma y el corazón, pero si el amor es de los de verdad, a la persona amada se la desea sexualmente, lo mismo que la tierra seca desea la lluvia. Un amor que renuncia al sexo termina oxidándose, igual que un hierro al aire libre y ya exagerando Woody Allen dice que ‘el sexo es sucio si se hace bien’.

Lo cierto es que el amor es maravilloso cuando la pasión y el deseo se dan la manoñ. Lo demás pertenece al silencio de cada alcoba y al secreto que guarda la cama, cuando no, cualquier otro lugar, ya que cada uno lo vive a su manera. Sin embargo, creo que la sociedad actual ha dejado de lado un elemento primordial en las relaciones, la sensualidad. No es una renuncia expresa o intencionada, sino más bien fruto de una evolución natural. Aquello que se entendía por amor romántico, le hemos puesto fecha de caducidad, o dicho de otra manera, resulta difícil mantenerlo, porque cada día hay más personas que se desvinculan del concepto tradicional del amor, a veces porque se tiene prisa, a veces por falta de comunicación y otras porque sólo estamos dispuestos a disfrutarlo, no a la obligación de hacerlo duradero.

Esa forma de jugar con insinuaciones femeninas, haciéndose las esquivas, provocaba el fuego del deseo y alimentaba la intención siempre sana de la conquista, de la cual el hombre presumía mientras no se daba cuenta de que ¡era el conquistado! Claro que era un mundo aquél dominado por lo masculino y que la mujer, a medida que se ha ido igualando al hombre, ha dejado en tablas, rompiendo barreras y desmontando los juegos. Estamos renunciando a la capacidad de seducción, a la sensualidad y al juego de la conquista, cuando no se han invertido tanto los términos, que es la mujer la que juega a ese papel, sin tantos rodeos, dejando al hombre desnudo de argumentos y fuerza, haciéndolo a veces tan fácil que tiene que ser él quien diga que en el fondo lo que le ofrecen no le interesa. Me decía una joven: es que ellos van directamente al sexo y nosotras lo hemos convertido en objetos de éxito, teniendo en cuenta que nosotras deseamos el amor lo mismo que los varones.

Ya nadie se plantea si hombres y mujeres quieren igual, con una diferencia acusada, que el hombre ama poco y a menudo, mientras que la mujer mucho y pocas veces. Quiero decir que diferencias entre hombres y mujeres en el juego del amor las hay, sólo que las mujeres disimulan menos. Bueno, ¿y qué? Me decía un joven, yo no echo de menos la falta de sensualidad. Para qué imaginártelo, todo esta ahí delante para que lo veas, cine, televisión, películas de jóvenes y adolescentes que todo son sexo y además muy al detalle. Luego quieren que no pensemos en el sexo. Así que muchos de nosotros nos sentimos cazadores de mamuts pero en realidad nos comemos el pedazo de carne que nos dejan. Lo cierto es que nos hemos vuelto primitivos en nuestras relaciones, por mucho que tratemos de intelectualizarnos, el domingo nos gusta el fútbol, bueno, y el sábado y el martes y el miércoles y eso no se cambia por caza, aunque nos gustan las tías buenas y el buen rollo, no somos hipócritas, nosotros lo confesamos, ustedes los carrozas siempre ponían el caballo detrás del carruaje.

Sin embargo, ellos como nosotros, necesitamos querer a quienes tenemos al lado para sentirnos con ganas por la mañana para ir a trabajar, porque el amor, con todos los instintos que se quiera, y reconociendo que se manifiesta de diferentes maneras, es el motor que nos empuja a salir al aire de la vida, el que nos impulsa a reírnos y a luchar para ser felices. Respetando que nuestros jóvenes no pueden extraerse de las formas de sentir y de las condiciones sociales y jurídicas del momento, a ellos como a nosotros no les han dado escuelas para el amor, pero sí todo lo que antes se negaba ahora aparece abierto, y dentro de ese mundo de opciones y libertades se adaptan, como siempre en la humanidad. Todo lo que ocurra será consecuencia del amor o el desamor.

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