Eugenio Conejo, del Club Excursionista Salouenc, completó recientemente la ascensión a las cimas del Kilimanjaro y el Lava Tower, en África.
A sus 54 años, ya ha coronado varios cuatromiles. Sus siguientes retos son el Mont Blanc y el Pico Lenin.Ha vuelto recientemente de África, donde ha ascendido el Kilimanjaro y el Lava Tower. ¿Qué se siente al coronar esas cimas tan importantes?
Cada nueva ascensión es un reto, todas las montañas son importantes. Coronar el Kilimanjaro es rozar el cielo de África, impresiona por elevarse único en su soledad sobre la gran sabana de Tanzania. Sus casi seis mil metros muestran la magnificencia de una montaña que es, sin duda, la joya de África. El Lava Tower queda ligeramente eclipsado por el Kilimanjaro por ser una montaña preparatoria para la gran ascensión y eso es injusto, pues para acceder a su cumbre es imprescindible realizar pasos de escalada de 3º y 4º grado. El Lava Tower tiene 4.668 metros. Fue una ascensión en la que tuvimos que insistir, pues el guía aducía posibles roturas de presas de la misma roca. Ese día fuimos los únicos en conseguirlo.
¿Por qué decidió embarcarse en esta aventura?
La decisión de hacer el Kilimanjaro fue repentina, no estaba previsto. A última hora hubo un cambio de planes con respecto a otra montaña de África.
¿Cuántos días duró la expedición?
Seis días. Es una expedición relativamente corta pero, contrariamente a lo que se pueda pensar, es muy exigente, ya que la ruta Machame es larga y muy dura. Durante la ascensión vimos escenas de compañeros de otras nacionalidades en verdaderos apuros: mal de altura, vómitos e intensos dolores de cabeza. Al Kilimanjaro solo sube el 60% de las expediciones, así que aquellos que pretendan su cima deben tener en cuenta que el mal de altura puede ser muy peligroso y una montaña no vale la vida de una persona. Por otro lado, es la más aconsejable por cuestiones de aclimatación.
¿Qué fue lo más duro de la ascensión?
El esfuerzo diario, pues aclimatar supone ganar altura para volver a bajar, para dormir en cotas más bajas, y así sucesivamente. Durante la estancia en los campamentos teníamos que controlar el pulso, la tensión arterial, la hidratación y una alimentación adecuada, ya que es común la pérdida de apetito y debes obligarte a ingerir comida. Un momento duro fue cuando mi compañero de cordada, Luis Sequí, empezó a sentir claros síntomas de mal de altura y le tuvimos que suministrar Edemox para aliviarle. Creemos que subió demasiado rápido, durmiéndose peligrosamente mientras me esperaba a sólo 200 metros de la cima.
¿Y lo más gratificante?
Culminar un sueño y, sobre todo, saber que eres capaz de funcionar psíquica y físicamente a esa altitud. El ser humano crea expectativas para funcionar, y esta ascensión me ha dado la posibilidad de soñar con cimas aún más altas.
¿Cómo preparó la ascensión? ¿Tuvo que entrenar mucho?
Afortunadamente, el entusiasmo de Carles Minerva, compañero del Club Excursionista Salouenc, me sirvió para llevar a cabo un duro entrenamiento durante el invierno pasado. Llegamos a realizar ascensiones con 20º bajo cero (Turbón). Quiero agradecer también a Pau Armengol el apoyo del club al ofrecernos toda su infraestructura.
¿Qué otras cimas importantes ha alcanzado a lo largo de tu carrera deportiva?
Llevo más de cuarenta y cinco ascensiones a cumbres de tres mil metros en Pirineos y Sierra Nevada; varios cuatromiles en el Atlas de Marruecos; treinta cumbres de más de dos mil metros en los Urbiones, Picos de Europa y Prepirineos; escaladas en canales de hielo en Pirineos y la Serra del Cadí; y escaladas en roca en todas las escuelas de Catalunya y la vía “El Puro” en Riglos. También tengo en mi haber la realización de una vía de treinta metros en escalada totalmente libre en la Mussara, con video incluido.
¿A qué se debe su afición por este deporte?
Empecé esta aventura en mis amadas e inolvidables montañas de Prades, de las que suelo hablar con auténtica devoción allá donde voy.
¿Cuál es su mejor recuerdo como alpinista?
Un momento dulce de mi carrera fue cuando conseguimos hacer cuatro cuatromiles en dos días, y al tercero hicimos un trekking de mil metros de desnivel, lo que supone un desnivel acumulado de 10.150 metros.
¿Qué nuevos retos tiene ya en mente?
La próxima aventura pasa por el Pamir (Asia central), más concretamente por el Pico Lenin de 7.134 metros, aunque antes, la última semana de junio, debo acompañar a Carlos Minerva y a otros compañeros del Club al Mont Blanc, de 4.810 metros.
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